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La vida de los árboles

  • pablojattin4
  • 7 oct 2022
  • 3 Min. de lectura

En consonancia con el desarrollo de conciencia ecológica, y conforme a la expansión de conocimientos científicos, durante las últimas décadas se ha manifestado una crucial transformación en la concepción de la naturaleza y de nuestra relación como parte de ella; esta se ha reflejado globalmente en el diverso trabajo de artistas contemporáneos que abordan el tema con multitud de enfoques.

El artista colombiano PABLO MUÑOZ (Medellín, 1988) se ha dedicado a examinar detenidamente los árboles y se ha enfocado en develar variadas facetas de su presencia y de sus intricados ciclos de vida desarrollando una series de obras donde se conjugan múltiples niveles significativos que abarcan tanto la observación científica como la admiración estética; incidentalmente también invocan el vasto bagaje cultural relacionado con estos seres: su significado arquetípico, presente en mitologías y cosmologías de diversas culturas --inclusive las indígenas de su país las cuales manifiestan la interdependencia de todos los organismos como parte del mismo sistema-- , y por su analogía con el ser humano, su condición de servir como medio para la reflexión de la complejidad de vida y sus ciclos.

Los materiales restringidos, técnica y procesos artísticos que el artista utiliza corresponden intrínsecamente a fases de la metamorfosis del ciclo de vida del árbol y su decaimiento. En ocasiones se limita al uso del papel (la misma celulosa del árbol) y del carboncillo vegetal, que utiliza en un proceso de reciclaje para representar la identidad del árbol. En otros casos, como en la serie de Fósiles Arbóreos, realiza un molde de fragmentos de los troncos para recrear en su interior con pulpa de papel una idéntica reproducción volumétrica de tamaño original.

En las obras de la serie Espectros, en un proceso análogo a los procesos biológicos, Muñoz introduce el uso de la luz como elemento activo para re-presentar el árbol. Por medio de una cámara oscura --antecedente de la cámara fotográfica-- construida por él mismo, proyecta directamente sobre papel la imagen magnificada de los troncos muertos, para realizar con carboncillo un fiel registro óptico de ellos. Tanto la ampliación del formato como la reducción cromática a blanco y negro contribuyen a expandir los límites de nuestra percepción desentrañando y haciendo visible con veracidad fotográfica el mundo escondido de la intrincada estructura de las cavidades, tejidos y elementos vasculares internos. Esta luz no solo permite su examinación cercana y detallada, sino metafóricamente les vuelve a dar vida ante nuestros ojos. Las imágenes de la realidad se tornan alucinatorias y surrealistas, y posibilitan una aproximación a la abstracción.

El artista nos ofrece principalmente árboles habituales de la sabana de Bogotá tales como varias especies introducidas de eucaliptos (Eucalyptus globulus y otros) conocido por su madera y ser sustento de abejas y colibrís, y el sauco (Sambucus nigra), originario de las Américas, sin embargo su intención no es abordarlos botánicamente como especies sino como individuos. Nos invita a examinarlos detalladamente y considerar aspectos que la ciencia apenas comienza a develar, tales como la complejidad de sus comportamientos, comunicación entre ellos, e inclusive suponer sus posibles sensaciones.

Las obras de Muñoz intentan recuperar en nuestra cultura la necesidad de observar de manera detenida, más allá del consumo veloz e indiscriminado de imágenes, y nos invitan a reconocer individuos de otras especies realizando un homenaje a la presencia y sagrada singularidad de cada organismo. Ambos, naturaleza y arte se conjugan en un mundo perceptual que articula el significado mismo de la existencia o vida en general.

Natalia Vega, curadora.

 
 
 

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